¿Por qué no hacemos caso? Nuestra Empatía en Cuarentena

Hace un par de noches escuché al ministro Carlos Morán quién soltó una frase preocupante: ¡Ya no sé cómo hablarles para que entiendan que deben permanecer en sus casas! El presidente Martín Vizcarra, sale todos los días a decirnos que esta pandemia sólo tiene una manera de ser derrotada: El aislamiento social OBLIGATORIO!!!. Y es que no hay más, no hay vacunas, no hay remedios, sólo el aislamiento es nuestra esperanza. ¡Pero qué sucede con nosotros! Cada día que pasa se incrementan los detenidos, al 30 de marzo han sido detenidas 33 mil personas desde que comenzó la cuarenta.

¿Qué está pasando? ¿Es que no entendemos lo que nos dicen? ¿No nos importa?Al parecer nuestra empatía también está en cuarentena!

Aquí algunas teorías…

Teoría Nro. 1: La burbuja moderna

La mayoría de nosotros, tendemos a rodearnos de personas con intereses similares a las nuestros, esta segmentación progresiva da como resultado lo que somos ahora; nuestros amigos del colegio o de universidad (educación similar), nuestras parejas, amigos y compañeros de trabajo van formando la personalidad que ahora mostramos. Ello trae como resultado, un déficit de empatía, y es que lo homogéneo de estos grupos de pertenencia, hace que vivamos en una especie de burbuja, que no deja que apreciemos lo que exista afuera, de ahí a pensar que lo que me rodea es lo que existe, lo que me influye, lo que me debería importar.

En otras palabras, lo que no me rodea, no me importa. No sé qué carencias tienen lo demás, pero mientras yo pueda tenerlo y mi entorno también lo tenga entonces todo sigue bien. Eso se tradujo anaqueles vacíos en los supermercados, comprar como sino hubiera un mañana, sin pensar en que no dejaríamos productos disponibles para los demás.

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Fuente: Diario correo Compras masivas (Foto: Twitter @darknemesis26)

Teoría Nro. 2: Una empatía gastada

De acuerdo con una investigación de neurociencia, el 95% de las personas (inclusive aquellas con tendencias psicópatas) tienen la capacidad de empatizar, una capacidad incorporada al ser humano para ponerse en el lugar del otro y comprender los sentimientos de los demás.

Sin embargo, quien no ha pasado junto a una madre que pide limosna, un niño que vende golosinas en las calles, una persona mayor pidiendo ayuda para comprar su medicinas, esto es pan de cada día (o lo era antes de la cuarentena) y sin dejar de lado la mucha o poca ayuda que pudimos ofrecer en ese momento, lo olvidamos minutos después para seguir con nuestras vidas.

En realidad el problema es que la mayoría de nosotros hemos gastado toda o gran parte de nuestra empatía en el día a día y en algunos casos como mecanismo de defensa hemos decidido inconscientemente ser más selectivos y hasta en ocasiones apagarla, pues ser empático trae como resultado vivir un sentimiento ajeno al mío, ponerme en los zapatos de alguien más y eso me puede traer dolor, pena y tristeza, sentimientos que guardo para los míos (para mi familia) y que parecen no tener lugar en estos días pero que en realidad nos debería causar alarma, llamar a la reflexión, pues es la empatía y la acción de ayudar a otros son parte importante de nuestra evolución como civilización.

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Fuente: Expressnews, Foto: Rodrigo Abd, AP

Teoría Nro. 3: El optimismo fatal

Muchas investigaciones nos muestran que las personas subestiman la probabilidad personal de encontrarse con eventos negativos. Estos hallazgos pueden interpretarse en términos de optimismo poco realista o en términos de una ilusión de control de los eventos que forman parte de nuestro entorno.

El Sesgo de optimismo fue estudiado por la neurocientífica, Tali Sharot. Ella explica que existen algunas razones que fomentan la formación del sesgo de optimismo; una de ellas es el tema del control, ya que tendemos a creer que tenemos el control sobre nuestras vidas, y eso puede hacernos creer que tenemos más control del que realmente tenemos.

¿Y cómo funciona esto?, por ejemplo, tenemos actualmente una pandemia mundial contra la cual luchamos todos, y depende de ello nuestro futuro, no sólo como individuos sino como sociedad. Pero probablemente algunas personas piensen que, aunque todo esto este sucediendo, él o ella estará bien. Esto se debe a que alrededor del 80% de las personas, en todos los grupos de edad y géneros, sufren lo que los psicólogos sociales llaman sesgo de optimismo. Es esa creencia que nos hace pensar que, contra viento y marea, al final las cosas van a funcionar bien a nivel individual, y si yo estoy bien, pues lo demás seguro también lo estarán. Esto nos hace minimizar los riesgos en nuestra vida cotidiana sin pensar que, a su vez, estos riesgos tienen influencia sobre el resto de las personas que me rodean.

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Fuente: Diario. Foto: Cesar Bueno / GEC

Teoría Nr. 4: Los números necesitan un rostro

Yo soy fiel creyente de los números, baso mis estadísticas, proyecciones, propuestas y decisiones en ellos, ¿Quién no lo hace?, sin embargo, tengo que reconocer que los números no son tan persuasivos ni tan fáciles de entender como nos gustaría creer.

Los números existen en una realidad diferente, nos permiten medir la mejora, identificar tendencias, predecir resultados probables y una gran cantidad de otras aplicaciones útiles. Sin embargo, nos obligan a pensar en abstracto (no podemos tocar al número 7, ni llamarlo, ni festejar su cumpleaños), al menos es así como nuestros cerebros los perciben. Cuando vemos los números y no a las personas detrás de ellos no nos relacionamos con ellos, no tenemos empatía, pues no vemos las historias de las personas detrás de los números. Nos desconectamos emocionalmente.

Tal cual podemos ver en este video, 70 personas, ¿te parece mucho? ¿poco?, pero ¿qué tal si están relacionados a ti? ¿si son tu familia y amigos?, tienen rostro, es diferente, ¿no?

¿Entonces qué hacer?

Las estadísticas y números en las presentaciones que son resultado de todo el trabajo que hace nuestro presidente y todo el equipo que trabaja con él están bien, sin embargo pienso que se podría personificar el mensaje, contar las historia detrás de las personas, probablemente no al nivel de un programa de espectáculos o algunos noticieros sino en cambio mostrar la realidad que vive cada una de las personas enfermas con Coronavirus (COVID-19), los daños físicos y psicológicos que enfrenta tanto la persona como su familia y el miedo que siente día a día. Estoy segura que alguien se sentirá identificado y así podrá encontrar el mensaje más persuasivo y memorable que cualquier gráfico, encuesta y número.

Sin las historias, será difícil despertar empatía, y la empatía es la energía que impulsa el cambio social, ese cambio de actitud que necesitamos en este momento.

Luego se podrá trabajar en nuestras burbujas y en ese sesgo de optimismo que bien podría ayudarnos a repensar nuevas estrategias no sólo a nivel empresarial sino también social. Será una nueva evolución. Nuestra nueva versión, un ser humano 3.0


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